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| AMAIKE |
Los aborígenes la respetaban como a un ser sagrado. Los sencillos y valientes pobladores de los valles y del llano, encontraban algo divino en aquella criatura misteriosa de apariciones fugaces, cuya belleza poco común y su mirada serena, pero profunda, los hacía permanecer a la distancia, en respetuosa contemplación.
Desde lo alto de una colina rocosa, un indio robusto solía vigilar inmóvil, horas enteras, hasta que el sol se perdía en el horizonte, a la espera de la aparición maravillosa de la muchacha. Al principio la miraba como a una diosa, encandilado y cauto, a la distancia. Más adelante, saltaba a su encuentro en cuanto la divisaba, ganando de a poco, con su destreza y su arrogancia, la confianza de Amaike, hasta inspirarle el
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